2007-01-11

[6 vidas] 2. Química

(esto es parte de un cuento que empieza aquí)

Todo lo que pasa por nuestras cabezas, las imágenes, los sonidos, los olores y sabores, en directo, recordados o inventados, todo, no son más que señales electroquímicas saltando de una neurona a otra. Una vez que nos hemos dado cuenta de esto podemos tomar el control, manejarlas, manipularlas, alterar el estado de conciencia con una variedad de sustancias (no siempre legales) que encontramos a nuestra disposición. Los que no tuvieron la suerte de nacer con un equilibrio "natural", hoy afortunadamente pueden recurrir a un cóctel químico recetado por un doctor que les permite vivir en paz. Aunque a los doctores les encantaría calificar a estos poderes de ciencia, una mirada objetiva nos permite ver que están más cerca del arte y la magia negra, un ejercicio de prueba y error hasta que llegan a un resultado con el que pueden sentirse tranquilos y continuar.

Es el caso de Felipe, por ejemplo. Si pudiera elegir, probablemente elegiría quedarse en ese mundo imaginario y feliz donde vive ahora, con sus hijos y la mujer de sus sueños, en una casa de brillantes colores, y no en esa pieza de blancas paredes donde el resto del mundo lo puede encontrar. De cierta manera sabe que para vivir ahí necesita de ciertos químicos, pastillas recetadas, y confía que los médicos se las seguirán entregando mientras parezca feliz y mantenga su comportamiento ejemplar.

Un mundo de fantasía requiere ser alimentado. Fragmentos de realidad se convierten en nuevos ladrillos que permiten ir construyendo y reconstruyendo sueños y recuerdos y no importa mucho que iba adelante o atrás, al final queda sólo un torrente de memorias, más felices o más terribles dependiendo del equilibrio químico al que cada uno haya llegado.

Uno de los momentos de realidad favoritos de Felipe son cuando ve llegar al doctor de turno acompañado por una nueva rotación de alumnos de medicina. Caras nuevas, jóvenes, sorprendidas por el zoológico humano al que se enfrentan por primera vez. Algunos permanecen asustados, y otros fascinados se van acercando lentamente a los pacientes. Él prefiere mantenerse distante, observando. Cuando no quiere ser molestado se pone a escribir frenéticamente con un lápiz y papel imaginarios, y generalmente los alumnos prefieren seguir y acercarse a un loco menos ocupado. Los más curiosos han tratado de pasarle un lápiz y papel, pero emprenden camino rápidamente cuando ven aparecer rayas - sin sentido alguno - en el papel.

No siempre es así, como cuando una alumna - muy parecida a la mujer de sus sueños, casi la versión joven de ella se podría decir - decidió acercarse a él. En estos casos él trata de seguir escribiendo con la esperanza de que el alumno se aburra y vaya en busca de alguien más interesante, pero hoy ella está decidida a hacerlo hablar.

- Buenos días.

No obtiene reacción, él sigue escribiendo.

- ¿Cuál es su nombre?

Nada aún.

- ¿Hace cuánto tiempo estás acá?

Ella se esfuerza un poco más, y recuerda algunas técnicas para romper las barreras que ponen los pacientes.

- ¿Qué escribes?

Los planes de Felipe están funcionando, un poco hastiada por no obtener respuesta alguna ella empieza a levantarse e irse.

"Benedetti", responde sorpresivamente él.

- ¿En serio? ¿Mario Benedetti? ¡Me encanta!

Él no responde y sigue escribiendo. Esperanzada, ella decide intentar otro camino.

- A mí también me gusta escribir.

- Tráigamelo.

- ¿Está interesado?

Él deja de escribir y se acerca para decirle en voz baja "Doctora, déjeme contarle un secreto". Son unos niños, pero él sabe que hay pocas cosas que le gusten más a estos estudiantes que ser elevados a la categoría de "Doctor". "Doctora, soy un ángel y sólo usted me puede ver. Aún no sé por qué, pero tráigame algo de lo que ha escrito y a lo mejor lo podremos comprender".

Una de las gracias de vivir en un manicomio es que cada uno de sus habitantes tiene el derecho de decir las locuras más grandes y la gente no lo mira como si estuviese locos. Eso ya está asumido. Puede decir cualquier barbaridad, y eso en este lugar es lo normal. Felipe lo sabe, y lo aprovecha.

Ella queda algo desconcertada con la respuesta. Él prosigue con su escritura, y ella decide que entre quedarse ahí con la boca abierta o partir, lo mejor será cerrar el caso por hoy, pero volver mejor preparada para la próxima vez. Momentos antes de que ella parta, él se fija en el nombre bordado en su delantal, y se queda pensando "Francisca... sí, puede ser un lindo nombre para mi mujer".

Ella volvió, y semana tras semana los diálogos se fueron haciendo cada vez más fluidos. Él disfrutaba leer los cuentos y poemas que ella le traía, y no sólo eso, también el borrador de una novela que ella algún día pensaba publicar. Ella a cambio disfrutaba recibir toda esa atención, y al mismo tiempo se sentía tranquila pensando que todo era parte de su currículum académico. Incluso si algún día necesitara los créditos podría volver, y escribir uno o dos papers acerca del caso que tenía adelante. Quizás también empezaba a sentir algo más, pero nada que pudiera tomar muy en serio en una situación como ésta.

Fueron días felices para Felipe. Podía vivir en su mundo ideal, y las conversaciones con esta joven lo enriquecían, aprendía de sus amores, de su auto-diagnosticado complejo de Electra, de sus sueños y metas en la vida. Alimentaban su mundo imaginario como hace tiempo no podía hacerlo. A lo mejor por eso se asustó tanto cuando ella se despidió. Era el último día de su rotación en siquiatría, y la próxima semana ya no tendría razones para volver. Él no quería, no podía dejarla ir. La agarró algo bruscamente del brazo y ella se asustó y gritó. Aterrorizado él gritó también. En su interior supo que estaba cometiendo un error, pero ya no podía volver atrás. Vio a los enfermeros correr hacia él y recibir el primer golpe le permitió soltar a la aterrorizada estudiante. Todo empezó a teñirse negro. Sabía lo que le esperaba, lo iban a agarrar y amarrar, y lo peor de todo, con las nuevas pastillas ya no podría volver a soñar.

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1 comments:

Fran... dijo...

Hola lei tu comentario, aca estoy dando una vuelta por unas de tu 6 vidas.
Cuando ya haya leido más vuelvo a comentar.
Espero sigamos leyendonos