2007-01-24

[6 vidas] 5. El loco despierta

(esto es parte de un cuento que empieza aquí)

Felipe abre los ojos.

No sabe cuántos días o semanas han pasado. Sólo sabe que las amarras que lo mantienen contra la camilla apenas lo dejan respirar. A lo mejor han sido sólo horas, pero para él ha sido más que una eternidad. Ya no puede soñar, no puede volver a su mundo y sabe que probablemente esa joven estudiante de medicina nunca lo volverá a visitar. No después de esa escena. Si tan sólo pudiera volver atrás, a lo mejor si nunca la hubiese conocido, todo volvería a ser normal.

Intenta soltarse, no puede. Maldice el día en que la conoció. Todo estaba tan bien antes. Su vida era tranquila, su mente estaba en paz, y su mujer, la mujer de sus sueños, estaba siempre esperándolo al final de cada día.

Intenta nuevamente. Esta vez, algo cede. Cae de la camilla al suelo y ve ahí, tiradas frente a sus ojos, las pastillas que lo llevaran de vuelta a su mundo feliz. Duda por algunos segundos de su buena suerte, pero para él es fácil explicar estas coincidencias. Simplemente son lo que el destino le tenía preparado, y quién es él para estar luchando contra el destino.

Se levanta, alcanza las pastillas y las abre. Toma una entre sus dedos, cierra los ojos y se detiene a disfrutar el momento. Pronto estará donde le corresponde, en su hogar junto a su mujer e hijos. ¿Qué más podría pedir? A modo de despedida decide recordar por última vez a la estudiante. Por su cabeza pasan imágenes, conversaciones, tantas cosas que se dijeron en esas cortas semanas. Quizás demasiado cortas. Si la pudiese ver de nuevo, tan sólo para decirle adiós, tan sólo para pedirle perdón.

Suelta las pastillas. Esto no puede quedar así. Decide verla por última vez y escapa del manicomio. No sabe bien cómo salir, nunca antes había tenido una razón para hacerlo, pero el destino una vez más parece jugar a su favor. Su escape parece demasiado fácil, como si las puertas y ventanas ya hubiesen estado abiertas para él.

Afuera amanece. Inspira fuerte, y vuelve a sentir una sensación casi olvidada: aire fresco inundando sus pulmones. Mucho tiempo atrás las circunstancias lo obligaron a renunciar a este mundo real al que hoy se vuelve a enfrentar. ¿Fue víctima de las circunstancias o lo abandonó por elección personal? No lo recuerda muy bien, pero por primera vez se pregunta si sería capaz de volver, de ser el que era antes, otro engranaje más de esta sociedad. ¿Valdría la pena? ¿Para qué, si en su encierro nada le podía faltar? Aparecen algunas imágenes de su pasado, pero no son agradables. Dolores enterrados, errores que nunca debió cometer, recuerdos que tuvo que matar construyendo un mundo nuevo donde vivir.

Interrumpe sus pensamientos. No tiene mucho tiempo antes de que lo empiecen a buscar, y antes de que lo encuentren tiene un plan que ejecutar. "Un plan" - medita - "debería haber pensado antes en eso". Aunque ha pasado el tiempo sabe que no va a llegar muy lejos sin dinero, por lo que empieza a mendigar monedas entre los oficinistas y maestros de la construcción que comienzan a circular.

Mientras desarrolla su "campaña por una nueva oportunidad", se va dando cuenta que no va ser tan difícil llegar a su destino final. A Francisca le encantaba hablar de su gran casa en Lo Barnechea, de esas que están arriba de los cerros con vista a toda la ciudad. Sabe su nombre y apellido, los que todo estudiante de medicina llevan bordados en su delantal. Ya con algunas monedas en su bolsillo, interrumpe la campaña y se acerca a un kiosko. Pide la guía de teléfonos y, efectivamente, no hay muchas personas con ese apellido, y sólo una con dirección en Lo Barnechea.

Antes de emprender el viaje decide comprobar que tiene el domicilio correcto. Llama, y cuando al otro lado contestan inmediatamente reconoce la voz de ella. Quiere pedirle perdón, que le dé otra oportunidad, pero se queda mudo. No sabe bien qué decir, y los repetidos "aló" de Francisca lo alegran como si estuviese escuchando una sinfonía triunfal. Para sus adentros piensa "espérame, pronto voy a estar allá".

Antes de su encierro ya había andado por esos barrios, por lo que no le debiese costar mucho llegar. Busca entre las micros alguna que publique entre sus destinos Lo Barnechea, y se sube a la primera que encuentra. Una vez arriba aprovecha de meditar. "Que lindo el teléfono de Francisca. Es número primo, y si sumas el cubo de cada cifra, el resultado es otro número cúbico. Mmmmh... Francisca." Puede que las pastillas nuevas no le permitan soñar, pero al menos lo tienen más lúcido que nunca.

Horas después va llegando a su destino. Está cansado y hambriento. La micro no llega hasta esas alturas de la ciudad, por lo que ha tenido que caminar varios kilómetros en subida desde el último paradero. Poco le importan los problemas, quiere volver a conversar con Francisca, y en su cabeza lo acompaña esa sinfonía triunfal. El camino avanza entre cerros y árboles, y él aprovecha de ir recogiendo algunas de las flores que crecen a los lados.

No se complica mucho cuando encuentra una caseta con perros y guardias que corta su camino. Probablemente no dejen pasar a nadie no autorizado por las familias que viven protegidas por ellos más arriba, pero no van a lograr detenerlo. Ningún vehículo podría pasar desapercibido por ahí, pero él simplemente abandona el camino principal y sigue avanzando entre los árboles que lo rodean hasta que ya no necesita ese desvío.

Llega hasta la casa, y prefiere observar antes de continuar. Hay unos autos estacionados afuera y, tirados en el asiento de uno de ellos, ve un estetoscopio y ese delantal blanco con el bordado que no puede olvidar. Antes de acercarse a tocar la puerta rodea la casa para tener una mejor idea de a quién se encontrará, y no logra ver a nadie en los primeros momentos, hasta que... sí, ahí está. Su corazón se detiene por lo que parecen horas, hasta que vuelve a palpitar con una fuerza bestial. Se siente inmovilizado, y cuando recupera la fuerza de voluntad decide seguir observando hasta encontrar una excusa para llegar hasta ella sin aterrorizarla (con una vez le basta).

Sigue desde afuera sus movimientos. Observa como ella conversa por teléfono, va a la cocina a buscar algo para comer, vuelve a la que parece su pieza a escribir en un computador... Finalmente se arma de valor y camina decidido hacia la puerta principal, pero cuando está a pocos metros siente como ésta se abre. Se esconde y ve salir a Francisca. Ella toma su auto y emprende camino hacia la ciudad.

No dejó bien cerrada la puerta y Felipe aprovecha la oportunidad para entrar a la casa. Recuerda cuando ella alegaba que toda la familia partía a la playa y la dejaban sola en Santiago cumpliendo con sus obligaciones de estudiante. Hoy debía ser uno de esos días, por lo que estará fuera de peligro por algunas horas.

Primero va a la cocina donde por fin puede calmar su hambre y sed. Explora la casa y deja las flores en un florero vacío que encuentra en el pasillo. Entra a la pieza donde vio a Francisca y enciende el computador. Mientras se inicia observa las fotos colgadas en las paredes, varias con ella abrazada al que debe ser su padre. Cuando vuelve al computador revisa entre los archivos y encuentra cuentos y poemas, reconoce algunos, son los que ella le mostró. Pero también hay otros más recientes. No está seguro, pero le gusta pensar que son para él. Francisca habla de sus encuentros, de lo que va sintiendo, de lo difícil que sería estar con alguien así, y de lo bien que le hará no tener que volver a visitarlo.

"Por fin alguien me entiende. Está interesado en mí, adivina lo que pienso, siente lo que siento. En sus ojos a veces me encuentro a mi misma. Por qué siempre mi mala suerte, cada vez que encuentro a alguien que podría interesarme, la realidad se interpone. Por qué mi destino es así, por qué tengo que sentir esto por un loco. Él nunca va a ser lo que yo necesito. Sin embargo, quiero volver a verlo, a contarle mis historias, a regalarle mis poemas. Pero lo tienen atrapado en un mundo fantasía, nadie se preocupa realmente por él, ni lo van ayudar a volver al mundo real..."

Quizás ella es la oportunidad que él necesita. Cuando la vea le pedirá ayuda. Le dirá que ella lo puede salvar, que lo único que quiere es volver a ser normal, ganar un sueldo, trabajar. Pero, ¿valdrá la pena? Para qué, si con las pastillas correctas tiene todo lo que podría necesitar.

Pasa al baño y se ve sucio y cansado. Probablemente sea una buena idea saludarla limpio, y se da una ducha. Cuando sale ya está oscuro afuera. Siente el sonido de un auto que llega y apaga las luces para salir de la casa antes de ser atrapado. Ya es tarde, cuando va en el pasillo se abre la puerta y ve entrar a un hombre. Reconoce al padre de Francisca, es el mismo de las fotos. Algo raro debe haber sentido, porque deja en el suelo los papeles que llevaba en la mano y, de atrás de la mesita que está en la entrada, descubre un arma que debe haber tenido escondida para casos como éste.

Viene hacia él. Aterrado toma el florero que encontró en el pasillo y se esconde detrás de una puerta. Cuando el papá pasa sin verlo, se acerca silenciosamente por detrás, con el florero en lo alto.


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3 comments:

Rodrigo dijo...

Hoffa, el problema de tu cuento es que en realidad es un guion de cine! No tendras secretamente pensado rodarlo algun dia?

Fh dijo...

No se me había ocurrido ;)

María José Fuentes dijo...

Creo que esta podis escribirla mejor.

Por ejemplo, eso de que el relacione números primos con el teléfono de Francisca me queda como raro en un loco -si es que efectivamente lo está- cachai esa imagen del loco que juega con los números y la habilidad matemática es una imagen de loco muy desde un cuerdo. Yo creo que puedes inventar algo menos conexo -si quieres, claro, tu pides consejos y no órdenes- Lo mismo me pasa con las flores. ¿Estás seguro que le lleva flores? Por qué no, por ejemplo, le lleva una colección de algo que guardaba en su habitación, algo que para él tiene mucho valor simbólico, pero ese valor es incomprensible para ella?

Segundo. No sé si efectivamente sea así, pero el capítulo en donde te excusas tú, personalmente, por los capítulos que siguen, yo lo dejaría dentro del relato. Por qué, pues porque ahí sí que haces un juego bien extraño de dimensiones, ya que el protagonista escribe y se llaman de la misma forma.

Tercero. Creo que está demás decir que escribes bien, ya que supongo que al publicar lo asumes, de todas formas, sí, escribes bien, me gusta, al menos.