(esto es parte de un cuento que empieza aquí)
¡Cállate por un segundo, por favor!
¿Esto es lo que estás buscando? ¿Que te grite? ¿Quieres ver quién tiene más fuerza?
¡Niños, vuelvan a su pieza! Esto es entre la mamá y yo.
Quédate aquí. No te muevas. Yo voy a arreglar esto.
Me voy y te quedas llorando. Sé que no me puedes escuchar, pero hay tantas cosas que te quisiera decir. Me encantaría encontrar en ti una compañera, un apoyo, pero no era eso lo que buscabas en mi. Buscabas un padre, alguien que te diera disciplina, que te dijera qué hacer, y por ti me transformé en él. Me carga tener que gritar, transformarme en este monstruo, pero parece ser lo único que te calma. ¿Por qué te cuesta tanto entender que he dado mi vida por ti? Yo no quiero hacerte sufrir, pero no me das otra alternativa, como si fuese lo que necesitaras para ser feliz.
Tengo que arreglar esto. Si sólo pudiese volver atrás, enterrar las culpas, cambiar el pasado.
A veces me pregunto si es contigo con quién debiese estar. Por cierto, no eres la única mujer que ha pasado por mi vida, pero habiendo tantas mujeres maravillosas - cada una a su manera - ¿por qué tenías que ser tú la que me eligió y a quien yo elegí? Y ahora debo irme lejos, más allá de una línea que nadie debería cruzar, pero es la única alternativa que nos queda. Será un largo camino y a lo mejor nunca logre volver, pero si tengo que sacrificarme lo haré, por ti, por nosotros, por nuestro sueño, por esta historia que estamos construyendo. ¿Por amor?
¿Pero qué es el amor? Muchos han intentado definirlo, pero de tantos sólo un taxista supo explicármelo años atrás. Y es que el amor es el fin de la felicidad. Así es, me dijo que lo único que un hombre necesita para ser feliz es sentarse a ver su equipo de fútbol jugar. Pero al día siguiente necesita tener a Cecilia en la pieza viendo el partido junto a él. No sabe por qué. Es el mismo equipo, la misma pieza... pero ahora tiene que tener a Cecilia ahí. Y tú, María Francisca, lo sabes bien, tú eres mi Cecilia y te necesito junto a mi.
Hay cosas del pasado que no se pueden cambiar, pero sus esfuerzos por esconder los recuerdos, por enterrar las culpas es lo que nos ha dado la ... Quizás nunca lo sepas, pero no somos más que un sueño de alguien que hoy está dejando de soñar. Pero yo puedo arreglar esto. Tengo que volver atrás, entrar a ese mundo y devolver todo a la normalidad.
Después de un largo camino llego al manicomio donde vive el que nos sueña. No va a ser fácil entrar, yo no pertenezco a este mundo, pero lo voy a hacer por ti, por nosotros, por nuestros niños. Es nuestro sueño el que tengo que salvar. Cada puerta, cada ventana que abro para entrar, me van desgarrando, me van quitando las energías que necesito para llegar. No sólo eso, debo ir cerrando cada una tras mío, no me gustaría ser responsable de que otros locos llegaran a escapar. Vengo a encontrar una solución, no a crear nuevos problemas.
Al fin, ya casi no puedo seguir, pero logro encontrarlo. Está tirado sobre una camilla, amarrado, con sus ojos cerrados, pero no puede soñar. Ahora debo darle las pastillas, las que lo devolverán a su sueño y reconstruirán nuestro mundo. Pero ya casi no me quedan fuerzas. Las encuentro, las traigo, voy a dárselas, pero ya no doy más. Caigo al suelo, pero él no me escucha, no me siente, no me puede ver. Intento levantarme, pero ya no soy capaz. Con mis últimas fuerzas estiro las manos y logro soltar una de las amarras que lo sujetan a su camilla.
Cae de la camilla y quedamos tirados ahí, frente a frente. Lo miro a los ojos, pero su mirada no responde a la mía, queda fija más allá. Afortunadamente al levantarse ve las pastillas y las toma en sus manos. Las abre y toma una entre sus dedos, y, junto a él, disfruto este momento triunfal. Lo logré, las culpas desaparecerán, María Francisca, nuestro sueño volverá.
¿Pero qué hace? ¡Por qué las bota! ¡Tiene que tomarlas! ¿Por qué escapa? ¿Por qué están abiertas las puertas? ¡No puede irse, él es nuestra última oportunidad!
Intento seguirlo, pero ya no soy capaz de levantarme. Creo que el juego ha terminado para mi.
Ya no puedo más.
¿Quién se esconde detrás de esa puerta? ¿Eres tú, María Francisca? ¿Qué haces acá? ¡Te dije que no te movieras, que te quedaras allá! ¿Tú dejaste el camino abierto para que él escapara? Pero por qué, si te pedí que te no te movieras. Ven, acércate, no me mires así. Ahora está todo en tus manos, yo ya no puedo más. Tienes que seguir a ese loco, él está buscando a una mujer, tienes que encontrarla, ella es la clave, tienes que convencerla de que le dé lo que necesita para que nos vuelva a soñar. Vamos, no llores, tienes que ir, yo ya... ni siquiera... puedo...
Capítulo: 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13
¿Esto es lo que estás buscando? ¿Que te grite? ¿Quieres ver quién tiene más fuerza?
¡Niños, vuelvan a su pieza! Esto es entre la mamá y yo.
Quédate aquí. No te muevas. Yo voy a arreglar esto.
Me voy y te quedas llorando. Sé que no me puedes escuchar, pero hay tantas cosas que te quisiera decir. Me encantaría encontrar en ti una compañera, un apoyo, pero no era eso lo que buscabas en mi. Buscabas un padre, alguien que te diera disciplina, que te dijera qué hacer, y por ti me transformé en él. Me carga tener que gritar, transformarme en este monstruo, pero parece ser lo único que te calma. ¿Por qué te cuesta tanto entender que he dado mi vida por ti? Yo no quiero hacerte sufrir, pero no me das otra alternativa, como si fuese lo que necesitaras para ser feliz.
Tengo que arreglar esto. Si sólo pudiese volver atrás, enterrar las culpas, cambiar el pasado.
A veces me pregunto si es contigo con quién debiese estar. Por cierto, no eres la única mujer que ha pasado por mi vida, pero habiendo tantas mujeres maravillosas - cada una a su manera - ¿por qué tenías que ser tú la que me eligió y a quien yo elegí? Y ahora debo irme lejos, más allá de una línea que nadie debería cruzar, pero es la única alternativa que nos queda. Será un largo camino y a lo mejor nunca logre volver, pero si tengo que sacrificarme lo haré, por ti, por nosotros, por nuestro sueño, por esta historia que estamos construyendo. ¿Por amor?
¿Pero qué es el amor? Muchos han intentado definirlo, pero de tantos sólo un taxista supo explicármelo años atrás. Y es que el amor es el fin de la felicidad. Así es, me dijo que lo único que un hombre necesita para ser feliz es sentarse a ver su equipo de fútbol jugar. Pero al día siguiente necesita tener a Cecilia en la pieza viendo el partido junto a él. No sabe por qué. Es el mismo equipo, la misma pieza... pero ahora tiene que tener a Cecilia ahí. Y tú, María Francisca, lo sabes bien, tú eres mi Cecilia y te necesito junto a mi.
Hay cosas del pasado que no se pueden cambiar, pero sus esfuerzos por esconder los recuerdos, por enterrar las culpas es lo que nos ha dado la ... Quizás nunca lo sepas, pero no somos más que un sueño de alguien que hoy está dejando de soñar. Pero yo puedo arreglar esto. Tengo que volver atrás, entrar a ese mundo y devolver todo a la normalidad.
Después de un largo camino llego al manicomio donde vive el que nos sueña. No va a ser fácil entrar, yo no pertenezco a este mundo, pero lo voy a hacer por ti, por nosotros, por nuestros niños. Es nuestro sueño el que tengo que salvar. Cada puerta, cada ventana que abro para entrar, me van desgarrando, me van quitando las energías que necesito para llegar. No sólo eso, debo ir cerrando cada una tras mío, no me gustaría ser responsable de que otros locos llegaran a escapar. Vengo a encontrar una solución, no a crear nuevos problemas.
Al fin, ya casi no puedo seguir, pero logro encontrarlo. Está tirado sobre una camilla, amarrado, con sus ojos cerrados, pero no puede soñar. Ahora debo darle las pastillas, las que lo devolverán a su sueño y reconstruirán nuestro mundo. Pero ya casi no me quedan fuerzas. Las encuentro, las traigo, voy a dárselas, pero ya no doy más. Caigo al suelo, pero él no me escucha, no me siente, no me puede ver. Intento levantarme, pero ya no soy capaz. Con mis últimas fuerzas estiro las manos y logro soltar una de las amarras que lo sujetan a su camilla.
Cae de la camilla y quedamos tirados ahí, frente a frente. Lo miro a los ojos, pero su mirada no responde a la mía, queda fija más allá. Afortunadamente al levantarse ve las pastillas y las toma en sus manos. Las abre y toma una entre sus dedos, y, junto a él, disfruto este momento triunfal. Lo logré, las culpas desaparecerán, María Francisca, nuestro sueño volverá.
¿Pero qué hace? ¡Por qué las bota! ¡Tiene que tomarlas! ¿Por qué escapa? ¿Por qué están abiertas las puertas? ¡No puede irse, él es nuestra última oportunidad!
Intento seguirlo, pero ya no soy capaz de levantarme. Creo que el juego ha terminado para mi.
Ya no puedo más.
¿Quién se esconde detrás de esa puerta? ¿Eres tú, María Francisca? ¿Qué haces acá? ¡Te dije que no te movieras, que te quedaras allá! ¿Tú dejaste el camino abierto para que él escapara? Pero por qué, si te pedí que te no te movieras. Ven, acércate, no me mires así. Ahora está todo en tus manos, yo ya no puedo más. Tienes que seguir a ese loco, él está buscando a una mujer, tienes que encontrarla, ella es la clave, tienes que convencerla de que le dé lo que necesita para que nos vuelva a soñar. Vamos, no llores, tienes que ir, yo ya... ni siquiera... puedo...
Capítulo: 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13

1 comments:
Permiso otra vez.
Cuidado con esto: "Y tú, María Francisca, lo sabes bien, tú eres mi Cecilia y te necesito junto a mi." Creo que eso está mal. Déjalo en tú eres mi Cecilia. Suena mejor y se imagina mejor. Creo que te excediste un poco en graficar la tristeza del personaje. Lo sentí llorón, me molestó de repente. El final, sobre todo, esa como agonía en los puntos suspensivos. Sabemos que se está yendo, no subestimes a tus lectores. Desafíalos.
;)
Publicar un comentario en la entrada