(esto es parte de un cuento que empieza aquí)
Cuando niños solíamos soñár con lo que íbamos a ser cuando grandes. Soñábamos con ser astronautas, inventores, policías, bomberos, grandes deportistas o quizás presidentes de la nación. Queríamos ser importantes, cambiar el mundo, o al menos dejarlo un poquito mejor. Claro, no todos los sueños eran tan altruistas, basta recordar cuántas horas pasaste dibujando el auto que manejarías a los 18, o el vestido que llevarías puesto al altar. Al cerrar los ojos otros sueños nos traían monstruos, o nos transportaban a extraños lugares, o sentíamos caer por un precipicio, o incluso a veces nos permitían volar. Con los años algunos de estos sueños fueron desapareciendo, mientras otros se fueron convirtiendo en realidad. Los más poderosos fueron capaces de cambiar nuestras vidas, e incluso algunos, las de los demás.
Es el caso de Francisca, por ejemplo. Cuando niña quería ser doctora, y su sueño de recorrer el mundo salvando vidas y ayudando a los más necesitados está cada día más cerca de convertirse en realidad. Pero no son esos los sueños que la ocupan esta noche. Es tarde y va casi quedándose dormida detrás del volante mientras vuelve a su hogar. Afortunadamente el camino de subida por los cerros no es muy concurrido, ya casi lo podría hacer de memoria y el aire fresco que entra por la ventana la mantiene alerta. Las últimas semanas de clases han sido extenuantes, y casi no ha podido dormir. Apenas consciente va soñando despierta con sus próximas vacaciones, cuando de pronto levanta la vista y es sorprendida por una persona caminando sola por la mitad de la pista. Reacciona rápidamente evitando atropellarla, pero no es capaz de frenar antes de salirse del camino y caer por la ladera del cerro.
Cuando abre los ojos trata de abrir la puerta del auto para escapar, pero no lo logra. Casi no puede sentir su cuerpo, pero al menos no siente dolor. Lentamentente la empieza a invadir el pánico, cuando aparece una mujer por la ventana que le tiende una mano y le dice suavemente "Ven, sal por aquí".
Cuando ya está afuera la abraza por un largo rato, hasta que la mujer comienza a hablarle nuevamente. "Tranquila, ven, tranquila mi niña, ven, necesito que te des vuelta lentamente, hay algo que te debo mostrar". Al darse vuelta Francisca ve a su propio cuerpo todavía dentro del auto, sangrando, inmóvil dentro de esa prisión de fierros doblados.
"Tranquila, tranquila, todo va a estar bien. Ven, siéntate aquí conmigo, tenemos mucho que conversar. No, tranquila, no trates de hacer nada, no hay nada que tú puedas hacer. Las ambulancias ya están en camino, cuando lleguen ellos sabrán que hacer. Quién sabe, a lo mejor te dan una nueva oportunidad. ¿Te gustaría? Bueno, eso está por verse, pero... aprovechemos de conversar antes. ¿Cómo te llamas? No es necesario que me contestes, eres Francisca, ¿no?, no te asustes, lo vi en el delantal que llevabas dentro del auto. Me imagino que estudias medicina, ¿no? Tranquila, insisto en que no vas a lograr nada ahí, lo mejor que puedes hacer es sentarte conmigo a conversar. Ah, pero que descuidada soy, aún no me presento. Me llamo María Francisca, y estoy aquí para ayudarte."
"¿Qué pasa? Te noto preocupada, como si tuvieses miedo a morir. Vamos, como aprendiz de médico deberías tener claro que la muerte es inevitable, tarde o temprano todos tenemos que partir. ¿Por qué tan intranquila, dejaste temas pendientes, tareas que aún tienes que resolver? ¿Y si te dieran otra oportunidad, que harías con ella? ¿Cambiarías algo?"
"Claro, te veías con un futuro brillante. Ibas a ser una doctora diferente, entregada al mundo y su gente. No ibas a ser como los demás, preocupados sólo del prestigio y del dinero, no, tus valores y principios jamás te lo permitirían. Pero no te engañes a ti misma, al final son todos iguales. Lo único que quieren es hacer su pega rápidamente, tirar un par de órdenes y correr a sus refugios a olvidarse de todos y todo."
"No me mires así, mírate a ti misma. ¿Qué sabes tú de sufrimiento? Vives en una fantasía, mirando al mundo desde tu palacio en las alturas, y cuando bajas y viajas por él lo haces encerrada y protegida dentro de tu auto, tu burbuja de cristal. Ves a la gente que sufre, los ayudas con lo que sabes, pero una vez que pasas de curso, ¿qué haces por ellos? A lo mejor te crees especial porque a veces los recuerdas y ruegas por ellos, pero ellos siguen ahí sufriendo y mientras tanto tú disfrutando tu mundo irreal."
"¿Quieres que te dé ejemplos? ¿Qué hay de ese paciente, el del manicomio, al que hiciste sentir tan especial? ¿Has vuelto a verlo, sabes cómo está? Claro, ya pasaste ese curso, te pusieron una nota y te importa un bledo lo que le pueda pasar. Antes de conocerte él era feliz, tenía todo lo que siempre quiso, pero ahora por tu culpa ya no le dan las pastillas que lo llevaban a su mundo ideal. ¿Si te dieran una nueva oportunidad harías algo por él y lucharías para que se las vuelvan a dar? No me digas que eso no es lo que él necesita, que hay que ayudarlo a volver al mundo real. No tienes idea de qué es el mundo real. Créeme, lo que él tenía antes de conocerte era mejor que cualquier otra cosa, incluso que tu miserable vida de hijita de papá."
"Piénsalo bien, ésta puede ser tú última oportunidad."
Francisca mira su cuerpo mientras escucha a esta mujer hablar. No logra comprender todo lo que está pasando, por qué se está viendo a si misma morir impotente, por qué le están diciendo estas cosas, ni cómo las podría mejorar. Se ve todo tan lejano. Quiere llorar, quiere gritar, quiere volver atrás.
A lo lejos se siente el sonido de una ambulancia que se acerca mientras empieza a salir el sol sobre la ciudad. Cuando el ruido de la sirena se hace demasiado fuerte Francisca despierta y ve pasar una ambulancia por el lado de su auto. Se quedó dormida en una intersección, aún detrás del volante, mientras volvía a su hogar, pero no está segura de si todo fue un sueño o realmente recibió una nueva oportunidad. Retoma su camino, sin una sospecha de lo que está por encontrar.
Capítulo: 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13
Es el caso de Francisca, por ejemplo. Cuando niña quería ser doctora, y su sueño de recorrer el mundo salvando vidas y ayudando a los más necesitados está cada día más cerca de convertirse en realidad. Pero no son esos los sueños que la ocupan esta noche. Es tarde y va casi quedándose dormida detrás del volante mientras vuelve a su hogar. Afortunadamente el camino de subida por los cerros no es muy concurrido, ya casi lo podría hacer de memoria y el aire fresco que entra por la ventana la mantiene alerta. Las últimas semanas de clases han sido extenuantes, y casi no ha podido dormir. Apenas consciente va soñando despierta con sus próximas vacaciones, cuando de pronto levanta la vista y es sorprendida por una persona caminando sola por la mitad de la pista. Reacciona rápidamente evitando atropellarla, pero no es capaz de frenar antes de salirse del camino y caer por la ladera del cerro.
Cuando abre los ojos trata de abrir la puerta del auto para escapar, pero no lo logra. Casi no puede sentir su cuerpo, pero al menos no siente dolor. Lentamentente la empieza a invadir el pánico, cuando aparece una mujer por la ventana que le tiende una mano y le dice suavemente "Ven, sal por aquí".
Cuando ya está afuera la abraza por un largo rato, hasta que la mujer comienza a hablarle nuevamente. "Tranquila, ven, tranquila mi niña, ven, necesito que te des vuelta lentamente, hay algo que te debo mostrar". Al darse vuelta Francisca ve a su propio cuerpo todavía dentro del auto, sangrando, inmóvil dentro de esa prisión de fierros doblados.
"Tranquila, tranquila, todo va a estar bien. Ven, siéntate aquí conmigo, tenemos mucho que conversar. No, tranquila, no trates de hacer nada, no hay nada que tú puedas hacer. Las ambulancias ya están en camino, cuando lleguen ellos sabrán que hacer. Quién sabe, a lo mejor te dan una nueva oportunidad. ¿Te gustaría? Bueno, eso está por verse, pero... aprovechemos de conversar antes. ¿Cómo te llamas? No es necesario que me contestes, eres Francisca, ¿no?, no te asustes, lo vi en el delantal que llevabas dentro del auto. Me imagino que estudias medicina, ¿no? Tranquila, insisto en que no vas a lograr nada ahí, lo mejor que puedes hacer es sentarte conmigo a conversar. Ah, pero que descuidada soy, aún no me presento. Me llamo María Francisca, y estoy aquí para ayudarte."
"¿Qué pasa? Te noto preocupada, como si tuvieses miedo a morir. Vamos, como aprendiz de médico deberías tener claro que la muerte es inevitable, tarde o temprano todos tenemos que partir. ¿Por qué tan intranquila, dejaste temas pendientes, tareas que aún tienes que resolver? ¿Y si te dieran otra oportunidad, que harías con ella? ¿Cambiarías algo?"
"Claro, te veías con un futuro brillante. Ibas a ser una doctora diferente, entregada al mundo y su gente. No ibas a ser como los demás, preocupados sólo del prestigio y del dinero, no, tus valores y principios jamás te lo permitirían. Pero no te engañes a ti misma, al final son todos iguales. Lo único que quieren es hacer su pega rápidamente, tirar un par de órdenes y correr a sus refugios a olvidarse de todos y todo."
"No me mires así, mírate a ti misma. ¿Qué sabes tú de sufrimiento? Vives en una fantasía, mirando al mundo desde tu palacio en las alturas, y cuando bajas y viajas por él lo haces encerrada y protegida dentro de tu auto, tu burbuja de cristal. Ves a la gente que sufre, los ayudas con lo que sabes, pero una vez que pasas de curso, ¿qué haces por ellos? A lo mejor te crees especial porque a veces los recuerdas y ruegas por ellos, pero ellos siguen ahí sufriendo y mientras tanto tú disfrutando tu mundo irreal."
"¿Quieres que te dé ejemplos? ¿Qué hay de ese paciente, el del manicomio, al que hiciste sentir tan especial? ¿Has vuelto a verlo, sabes cómo está? Claro, ya pasaste ese curso, te pusieron una nota y te importa un bledo lo que le pueda pasar. Antes de conocerte él era feliz, tenía todo lo que siempre quiso, pero ahora por tu culpa ya no le dan las pastillas que lo llevaban a su mundo ideal. ¿Si te dieran una nueva oportunidad harías algo por él y lucharías para que se las vuelvan a dar? No me digas que eso no es lo que él necesita, que hay que ayudarlo a volver al mundo real. No tienes idea de qué es el mundo real. Créeme, lo que él tenía antes de conocerte era mejor que cualquier otra cosa, incluso que tu miserable vida de hijita de papá."
"Piénsalo bien, ésta puede ser tú última oportunidad."
Francisca mira su cuerpo mientras escucha a esta mujer hablar. No logra comprender todo lo que está pasando, por qué se está viendo a si misma morir impotente, por qué le están diciendo estas cosas, ni cómo las podría mejorar. Se ve todo tan lejano. Quiere llorar, quiere gritar, quiere volver atrás.
A lo lejos se siente el sonido de una ambulancia que se acerca mientras empieza a salir el sol sobre la ciudad. Cuando el ruido de la sirena se hace demasiado fuerte Francisca despierta y ve pasar una ambulancia por el lado de su auto. Se quedó dormida en una intersección, aún detrás del volante, mientras volvía a su hogar, pero no está segura de si todo fue un sueño o realmente recibió una nueva oportunidad. Retoma su camino, sin una sospecha de lo que está por encontrar.
Capítulo: 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13

3 comments:
Me gusta el juego que haces con los tiempos narrativos, como vas hilando desde distintas dimensiones las relaciones entre los personajes, como se va desarrollando el climax... es una historia de amor apasionante. Continua para saber que pasa.
Macarena
Ya. Ahora sí leí todo.
La historia está entretenida y tiene mucho potencial, pero pucha no sé si es que te da lata pensarla más o qué, pero resuelves generalmente dificultades de una manera que no está a la altura del resto del escrito. A veces suenas como a canciones populares.
"Soñábamos con ser astronautas" No, no y no, puedes escribir algo mejor que eso, puedes hablar de los sueños de infancia de una manera más original.
"Cambiar el mundo" No.
Y ya lo que me superó y me alejó completamente de tu historia es eso de dibujar el vestido para el altar. No conozco a nadie que haya hecho eso o un niño que dibujara convertibles pensando que lo usaría cuando grande. No sé, los niños no son tan prácticos, hacen las cosas no más no se proyectan porque no tienen conciencia de muerte aún.
Ahora esta señora que no deja de decirle que esté tranquila, cuando me imagino yo a Francisca en shock, o sea tranquila, tampoco le creo mucho. Arregla los diálogos, nuevamente, opino que puedes escribirlos mejor. Cómo se te ocurre poner "hijita de papá". No hagas nunca eso, los personajes son por sus acciones y si vas a decir una cualidad no la digas en una frase hecha. No pues, es tu novela, es tu estilo, es tu lenguaje. Regálanos eso.
Ah y considero necesario, además, agregar que no pretendo creerme la sabihonda de esta cuestión, porque solo he escrito uno o dos cuentos en mi vida. Pero te regalo mi opinión y mi tiempo a ver si te sirve de algo.
Saludos,
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